Es probable, bah, posible, bah... en una de esas notaron que hace un rato que no redacto un update, más allá del ocasional "video de relleno", subido para satisfacer temporalmente la insaciable demanda de mis lectores/súbditos/esclavos camboyanos. Anyway, la razón por la que pasé bastante tiempo sin escribir es, nada más y nada menos, que no tenía nada para contar. Las últimas semanas diciembre marcaron un nivel de inercia sin precedentes en la historia de la humanidad. La silla comenzó a tomar la forma de mi culo y, lo que es peor, mi culo, la de la silla. Pero a comienzos de enero mi vida tomó un giro maravilloso y dio lugar a una semana que intentaré describir, probablemente con poco éxito, pero lo que importa es la intención.
En fin, este update es sobre mi viaje a Itacaré, un pueblito al norte de Brasil, cuya descripción solo puede ser sintetizada como un híbrido entre Charlie and the Chocolate Factory, Monkey Island y el paraíso musulman.
Estuve parando en un chalet en la cima de un morro, en el medio de una reserva ecológica enorme, desde donde se veía toda la selva (que era realmente un rainforest), y dos playas paradisíacas. Para que se lo figuren mejor, así se veía:
de un lado
y del otro
En fin, durante los diez días de mi estadía en este lugar paradisíaco me alimenté casi exclusivamente a frutas. Comí más mango, maracuyá, papaya y coco en una semana que en toda mi vida. Por cierto, no puedo creer que exista el coco, ¿cómo puede ser que un arbol de un fruto que sea comida Y bebida a la vez? Mierda que la naturaleza es sabia. Casi me intoxico con maracuyá, por LEJOS mi fruta favorita, no solo es deliciosamente ácida y dulce a la vez, sinoq ue su textura es como comer renacuajos, no se puede creer.
Acá, una foto con mucha clase:
Además de atiborrarme de cacao cual Hansel y Grettel, otra popular delicia itacarence fue el dulce de banana casero, el cual te daban de buena onda y en dosis exageradas al final de cada comida. Imaginate que tenés una banana, y a esa banana le crece un tumor de caramelo, y ese tumor después explota y te deja con el dulce más rico que probaste en tu vida. Bueno, algo así era. Cuestión, mi ya característico trasero voluptuoso volvió de una forma aún más redonda y extravagante, (y no en forma de fichas, por suerte).
Bueno, ahora que ya describí la flora es momento de empezar con la fauna. ¡Y qué fauna!
Para empezar cabe aclarar que Itacaré ha sido ya hogar de dos campeonatos mundiales de surf, tiene unas olas cual Rocket Power, y, por lo tanto, todos los nativos, TODOS, son surfistas. De esos surfistas, el 80% son también capoeiristas, y de los turistas, el 90% está ahí porque son surfistas y van a surfear. Así que como podrán imaginarse, el panorama no está NADA MAL. En cualquier balneario argentino o uruguayo, un tipo con abdominales marcados y músculos se cree Dios. En Itacaré, eso es ser un tipo promedio. A continuación, algunas fotos de gente que conocí en las vacaciones.
Primero les presento a Iuri:

Un divino, en todas sus asepciones. La verdad, uno no espera que un tipo tan lindo sea tan dulce y buena persona. Ojalá no me odie por subir fotos suyas a mi blog, pero ¡es tan lindo! Con Iuri fuimos a bailar música de forró, que nunca aprendí muy bien qué es exactamente, a caminar por la playa de noche, a un mirador increíble, y además me tiró la posta de una cachoeira (cascada) increíble a la que fui al día siguiente:
Además de Iuri, hice otros amigos:
Cabeça se despierta todos los días a las 6:30 de la mañana para hacer surf. Surfea hasta las 10, cuando entra a laburar en un parador en la playa, hasta las 7, de ahí se va a laburar en una agencia de turismo, y después se va de joda. Yo quiero esa vida. Este muchacho, otro divino, buen pibe, excelente persona, me llevó a hacer surf en una playa lindísima y a una fiesta MUY copada en un lugar llamado Caserón Amarelho (no sé si se escribe así), donde conocí a su amigo Rubén.
Rubén es portugués. Laburó toda su vida en la funeraria de su padre y siempre tuvo que aguantar para no cagarse de risa en los entierros. Estudió en Gales y se recibió de bioquímico a los 22 años, pero no labura de eso, sino en una agencia de turismo. Cuando le pregunté por qué había estudiado bioquímica si no le gusta laburar de eso me respondió "Porque soy muy curioso."
Como dice que en la ciencia no encontró respuestas, solo más preguntas , ahora fuma mucho porro y hace surf. Otro personaje increíble, con quien además tuve una charla sobre música, libros y cultura en general que hacía siglos que no tenía. La verdad, Rubén, si leés esto, me saco el chapeau. Por cierto, quizás hayan notado un nuevo link entre mis recomendaciones: Fuck For Forest. Esta página me la mostró Rubén y realmente no se puede creer. Combina dos cosas geniales: ecología y pornografía. ¿Cómo? Fácil, te sacás fotos porno o hacés videos y las mandás, para verlas la gente tiene que pagar para afiliarse, y ese dinero se utiliza para salvar el rainforest. Les dije que no se podía creer. Por favor échenle un vistazo: www.fuckforforest.com
Last, but not least, queda una comparación que no pude parar de hacer a lo largo de todo el viaje: Itacaré es IGUAL al Monkey Island. No solo existe un lugar no muy lejos de ahí que se llama Porto Gallinas (dale, Puerto Pollo), sino que estéticamente es MUY similar. Las playas están entre morros y todo el mundo parece pirata.
Posta, las playas son así:
Y esto, prueba INDISCUTIBLE de que vacacioné en Monkey Island es...
THE VOODOO LADY
Besitos para todos ustedes que lo miran por pecé.

Se ve que alguien le explicó para qué eran. En fin, evidentemente el pelotudo de fleco se volvió un tipo copado y pintón desde que se dejó de joder con la salud y la moral, y comenzó a consumir sustancias locas que, bueno, la segunda imagen habla por sí sola, ¿No? Igual tengo la teoría de que así fue como perdió un ojo, "¿QUÉ LE ESTÁS HACIENDO A MI NOVIA, PELOTUDO?", y el resto, como dicen, es miseria.





